"Terminamos, te quiero, pero te hago daño" son huevadas. Así de simple.
Las cosas arrancaron por casualidad. Querido amigo, L, y yo salimos una tarde. Dar vueltas por un parque y tomar café. En realidad más que una atracción física no había, y es que ya me había dado cuenta de lo complicado de su mente y no me resultaba llamativo. L es extraño, es un cangrejo, un soñador semi autista con ligera megalomanía y aires intelectuales, osea, un típico universitario que recien deja de ser cachimbo. No conoce el mundo real, pues su universo son sus padres y amigos del ambiente nada recomendable al que llamamos "escena". Cree en sus principios y se mantiene legítimo a ellos. Un anti todo terco y sin sentido del humor.
La vida, la soledad, la comprensión mutua del despecho del otro nos resultaron atractivas. Nuestras mentes se comprendían a un nivel que nunca habíamos experimentado. Nos cuestionabamos mutuamente sin resultar ofensivos y conseguiamos interiormente lo que el otro buscaba. Una película de terror sin terror nos hizo rozar los dedos por primera vez y un abrazo hizo que ambos creyésemos en la posibilidad de algo más. Yo me aterrorizaba. Él fue mi sostén en un momento duro, no merecía ser el rebound boy. Finalmente, bajo la estúpida magia de un chibolo calato con un arco y flecha comenzamos, con miedo, la relación. Y este fue el principio del fin.
¿Qué me gustaba? Su voz, su mente, sus pestañas. El hoyito de su mejilla izquierda me derretía y sus silencios motivaban un estrés adictivo. Sus brazos me abrazaban con fuerza y su aroma me seducía. Poco a poco fuimos subiendo, quince días y ya nos queríamos, quince días mas y ya no nos soportábamos. Veinticuatro horas después ya no más. Y se terminó, con una crisis de ansiedad en mi pc y con una reacción hasta ahora desconocida en la suya.
Días de reflexión y de ansiolíticos me llevaron a la única conclusión válida: Aunque deseé que no lo fuera, era mi chico de rebote. Ese chico que uno busca para convencerse a sí misma que el anterior no valió. Él me culpa, dice que yo me hice dejar de querer. Yo me culpé, luego a él, luego a mí de nuevo. Y la única excusa para terminar fue "Nos hacemos daño, no merecemos esto". Solo faltaba que yo sea Thalía y él, Fernando Colunga. Me asqueó.
¿Qué me jode de todo esto? Me confié. Confié en que este muchacho siempre estaría ahí para mí.
Luego del "Ya no te quiero", tan masticado para mí, me di cuenta de algo. El amor no nace y se queda ahí, esperando. El amor se crea, se madura, se cuida. Comienza cuando uno quiere y termina de la misma manera. No es un tornado de sensaciones confusas. Y no vuelvo a tener una relación con alguien que así lo crea, nunca me gustaron las novelas mexicanas.
PD: Y sobre el día de la mujer, solo puedo decir que me asustan las mujeres. Al menos las mujeres típicas.
PD: Y sobre el día de la mujer, solo puedo decir que me asustan las mujeres. Al menos las mujeres típicas.
Recuerdo haberlo dicho y tienes razon es una huevada. Pero tambien es una huevada el que se llegue a ese extremo: que dos personas que se quieran se hagan daño sistematicamente casi por inercia. Y a veces esa excusa termina siendo la unica manera de expresar (y acabar con) algo que escapa al sentido comun (el hacerse daño asi).
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